Nunca tiro nada, nunca.
Tejí un tapete de azules.
Lo guardé.
Esta tarde lo cosí
a un árbol seco y bello.
He vibrado.
Ahora vuelvo a hacerlo,
en silencio deseado,
contemplándolo.
Es preciso vibrar, al menos, una vez al día.
Unas veces se vibra con el cuerpo; otras, con el alma.







































